miércoles 5 de enero de 2011

La ambición del crononauta - II

I - Momento presente.

II - Momento futuro.
“NEO” “NEO”.
La señal parpadeaba en el monitor.
-Señor, un NEO (objeto cercano a la tierra) no catalogado está entrando en la atmósfera.
-¿Tamaño?
-Pequeño, pero está aguantando la fricción ¿Lo destruimos?
-Será un antiguo dispositivo espacial que ha ido perdiendo altura hasta volver a reentrar. Puede tener información útil. Preparad un equipo de recuperación.
La cápsula estabilizó su caída planeando suavemente hasta amenizar en pleno mar. El fuselaje extremadamente caliente elevó grandes columnas de vapor delatando su posición a los que esperaban su llegada.

Jorge abrió los ojos y miró desconcertado a su alrededor. Poco recordaba: quién era, retazos de su infancia, la muerte de su madre y su padre trabajando sin tiempo para él. Tiempo. El tiempo le parecía muy importante pero no recordaba por qué. Se incorporó y los cables conectados a su cuerpo tiraron de la multitud de aparatos que había a su alrededor. Tiempo, cables, aparatos... los recuerdos regresaron en una alocada estampida provocando un espantoso dolor de cabeza. La denegación de su proyecto, su incorporación al “Proyecto Peonza”, su designación como director, presión, prisas, su conexión al sistema vital de la cápsula, el lanzamiento y luego... nada. Entre todo ese maremágnum de pensamientos y sentimientos algo se le escapaba, y era algo importante. Una mancha oscura que luchaba por abrirse paso. Cayó inconsciente.
-Jorge, Jorge. Despierte.
Volvió a abrir los ojos, pero esta vez vio a un grupo de personas que lo miraban atentamente.
-Tranquilo, intente no alterarse. Todo va bien. Todo ha salido bien –le decía una voz femenina.
-¿Qué fecha es hoy? –preguntó Jorge.
-Eso no importa ahora. Ha estado muchos años vagando por el espacio. Los sistemas vitales de su cápsula, aunque antiguos, lo han mantenido milagrosamente con vida. Ahora ya se encuentra a salvo. Las preguntas después.
-Solamente una cosa. Por favor contésteme, ¿han inventado ya la máquina del tiempo?
La mujer sonrió condescendiente y tras dar algunas órdenes, Jorge cayó en una dulce somnolencia.
- Lo conseguí. Lo conseguí. Soy un crononauta –acertó a susurrar mientras se dormía con una sonrisa en la boca.
-El pobre delira. Continuad con el tratamiento y mantenedlo dormido hasta que se recupere.

Jorge desconocía cuánto tiempo había estado inconsciente y por supuesto cuánto tiempo en tratamiento para aquello que le hubieran hecho. Achacó su dificultad de movimiento al periodo de inactividad en la cápsula, pero luego supo que habían tenido que reconstruirle huesos, músculos y hasta algún órgano. No exageraban cuando hablaban de supervivencia milagrosa. Él se congratulaba, pues los esfuerzos del “Proyecto Peonza” habían dado resultados positivos.
-Todo el esfuerzo ha merecido la pena, -pensó- todo el trabajo e incluso... la muerte del anterior director.
El semblante le cambió al recordar tan terrible suceso. Esa era la mancha oscura que intentaba salir.
-Tengo que mantener la calma, estos hombres del futuro me han salvado. Si me hubieran considerado un asesino no estaría en un hospital, estaría en la cárcel.
La mujer entró acompañada de un hombre que, todo indicaba, era alguien importante. Se presentó como el “Supervisor de Proyectos Especiales”, y a una señal afirmativa de la mujer, se sentó al lado de Jorge.
-Señor Bermúdez. Hemos revisado los archivos del “Proyecto Peonza” y lo sabemos todo.
-¿Todo? –pensó Jorge con preocupación- ¿también lo del asesinato?
-Lo que no entendemos es ¿por qué, una vez usted fue elegido nuevo director, mantuvo en secreto un segundo grupo de investigación que se apartaba del proyecto original?
-Mi idea era usar el “Proyecto Peonza” para viajar en el tiempo. Al futuro.
-Eso no tiene sentido ¿Con qué propósito?
-El conocimiento, lo hice todo por la ciencia –dijo en voz baja y con el rostro avergonzado.
-De acuerdo. Es todo por ahora.
-Una pregunta... ¿me mandarán a mi época?
-No podemos hacer eso. El tiempo es algo demasiado complejo, demasiado abstracto. Es imposible.
La respuesta sumió a Jorge en una profunda tristeza. Todos los esfuerzos para nada. De nada servía aprender todo el conocimiento del futuro si no podía regresar a su tiempo. Se sentía atrapado en una época que no era la suya, un bicho raro al que constantemente le preguntaban cómo se sentía después de años de hibernación.
Recordó que el día del lanzamiento no le importaba lo que dijeran de él, pero ahora si le preocupaba. De momento no sabían lo ocurrido con el anterior director, pero lo averiguarían, lo encerrarían y se perdería lo conseguido hasta ahora. Tenía que huir. Una idea cruzó por su mente. Huir, claro, huir hacia adelante. En esta época todavía no se había inventado la máquina del tiempo y de nada servía quedarse aquí.
Se puso en contacto con la doctora que tan amablemente lo había atendido en su “despertar”.
-¿Crees que hay posibilidades de reemprender el viaje? Seguir viajando al futuro de la misma forma que llegué, hasta que se invente la “máquina del tiempo” y pueda regresar a mi época.
-Estás loco. Eso no es viajar en el tiempo; eso es... peligroso. No creo que te vuelvan a poner en órbita. Con tu pasado no convencerás a nadie.
El pasado lo perseguía como un sabueso implacable. Tarde o temprano averiguarían su crimen ¿Qué hacían con los asesinos en este futuro? Quizás reprogramaban su cerebro para eliminar las intenciones malvadas. Le asustó la posibilidad de convertirse en un ser lobotomizado, sin recuerdos, sin ambiciones, sin vida.
-Lo tengo. Congélame. Podéis mantener un cuerpo criogenizado durante siglos. Antes no, pero ahora se puede hacer.
-Podemos preservar tu cuerpo, pero tu mente con tus recuerdos e ideas habría que almacenarlas aparte. Para que lo entiendas, como una copia de seguridad de las de antes.
-Adelante pues.
-No tan rápido. Nada garantiza que en el futuro que tú quieres puedan volver a “recomponerte”. Imagínate que para entonces se ha superado la tecnología perdiéndose el conocimiento antiguo. Por ejemplo, hasta hace poco todavía ignorábamos cómo se construyeron las pirámides. Todo puede pasar. Un accidente o que simplemente caiga en el olvido.
-No conseguirás asustarme. Estoy decidido.

-¿Crees que es lo mejor? –preguntó el Supervisor de Proyectos Especiales.
-Sí. Tarde o temprano será público el asesinato de su superior. El crimen habrá prescrito, pero la prensa lo vapuleará como un apestado –contestó la mujer.
-Puede que sea lo mejor. El progreso no merece verse empañado con turbias historias de ambición y muerte.
-Adelante pues; lo criogenizaremos y caerá en el olvido. No se puede saber con certeza qué pasará si llega al futuro que él espera.

III - Momento etrernidad.

Autor: Gregorio Sánchez. Diciembre 2010

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