jueves 30 de diciembre de 2010

La ambición del crononauta - I

I - Momento presente.
“Lamentamos denegar la financiación para su proyecto. Consideramos que el resultado de un desarrollo a tan largo plazo son fantasías alejadas de la ciencia.”
Jorge, cerró de un manotazo el portátil.
-Ni siquiera se han dignado a llamarme por teléfono. Un simple y frío correo electrónico. Qué miserables –se dijo en voz alta-. Tiempo, tiempo eso es precisamente lo que les pensaba dar, todo el tiempo del mundo. Si hubieran aceptado mi proyecto, el tiempo dejaría de ser un problema para convertirse en un aliado.
Vivía obsesionado con el tiempo, con viajar en el tiempo. Estaba constantemente pensando en aprender los avances del futuro para poder usarlos en el presente y convertirse en una eminencia mundialmente reconocida. Ya se veía recibiendo el Premio Nobel por desarrollar la vacuna universal, por descubrir el primer planeta habitable y por unir la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica.

Llegó a casa donde continuó insultando y, en la cumbre de su histeria, empezó a destrozar todas las revistas científicas. Se sentía hervir por dentro, apretaba los dientes tanto que las mandíbulas le dolíeron del esfuerzo. Los papeles volaron por el salón hasta que la casualidad hizo que se fijara en un trozo concreto. “El Proyecto Peonza busca científicos”, rezaba el titular. Lo recogió y leyéndolo detenidamente comprobó que buscaban físicos, biólogos, ingenieros y matemáticos entre otros. Cuando se enteró que el presupuesto ya estaba aprobado, decidió unirse al equipo multidisciplinar. Eso era lo que él necesitaba, presupuesto; y lo iba a conseguir.
Su primera idea era criogenizarse y “dormir” hasta que los avances científicos le permitieran regresar al pasado como el mayor investigador de todos los tiempos. Y nunca mejor dicho, de todos los tiempos.
El “Proyecto Peonza” avanzaba a buen ritmo. Una cápsula espacial giraría alrededor de la tierra a gran velocidad hasta que poco a poco cayera atraída por la gravedad. Jorge cambió su idea inicial. Le gustaba el proyecto, pero necesitaría algunos ajustes y retoques para adecuarlo a su propio beneficio. La nave giraría a gran velocidad pero, con un pasajero... él mismo. En un proyecto paralelo y secreto se investigaría la supervivencia al deterioro que provocaba la falta de gravedad prolongada.
Pero ¿cómo hacerlo? No había alternativa, tenía que convertirse en el principal responsable del proyecto.

El teléfono sonó demasiado pronto, ni siquiera había salido el sol y ya lo estaban incordiando. Con la voz pastosa, Jorge contestó:
-¿Shiii?. Ejém. Sí, sí, estoy bien ¿Qué? ¿El Director ha tenido un accidente? Pero si estuve anoche con él. Me comunicó que nos habían aprobado la subida de presupuesto e insistió en ir a celebrarlo. Luego lo dejé en su casa, borracho como una cuba...
La mente de Jorge recordaba entre brumas lo ocurrido la noche anterior. La verdad únicamente la sabía él y la verdad era que le costó convencerlo para ir a celebrar el éxito. Solamente una copa, eso era lo acordado, pero el Director tenía mal beber y Jorge lo sabía. Detrás de una vino otra, y con un par más fue suficiente para que el hombre perdiera la consciencia. Luego, ya en casa del ebrio, lo condujo al baño para evacuar el estomago y con un fuerte empujón estampó la cabeza de su jefe contra la taza del váter. Ya lo decía él, la bebida sería su perdición.

Convencer a los inversores que él era el mejor sustituto para el cargo no fue tan complicado como imaginó; simplemente tuvo que demostrar estar al tanto de todo el proyecto.
La investigación continuó y creó un segundo grupo que aprovechó el aumento de presupuesto para avanzar a buen ritmo, siempre en secreto.
Como un jefe negrero espoleaba a los equipos, redujo las horas de descanso y aumentó las de estancia en el laboratorio. Castigaba los fallos con severidad, sin darse cuenta que eran provocados por el propio cansancio. Tal presión tenía un motivo, más allá de la ambición. Había una investigación también paralela y que le incumbía personalmente; era la investigación judicial de la muerte del anterior Director. La prensa lo acosaba y los inversores dudaban de su capacidad.
El día del lanzamiento llegó antes que el requerimiento judicial. Se introdujo en la cápsula y lo conectaron literalmente a ella. La energía nuclear alimentaría los sistemas vitales durante años y eso le permitiría la supervivencia mientras el tiempo transcurría y la nave aceleraba cada vez más. Ya no le importaba lo que dijeran de él, pasaría a la posteridad, para luego regresar y demostrar que la ciencia tiene un precio que hay que pagar.
El cohete ascendía a velocidad de vértigo y un teléfono sonaba. El equipo miraba con preocupación cómo los cálculos no cuadraban y el cohete se salía de su órbita alejándose de la tierra cada vez más, hasta perderse. La comunicación se cortó y el silencio se adueñó de la sala. Por fin oyeron el teléfono sonar.
-Cancelen el lanzamiento por orden judicial. Jorge Bermúdez ha sido acusado del asesinato del anterior director del proyecto.
-Llegan tarde, acaba de perderse en el espacio en un viaje sin retorno.

II - Momento futuro.

Autor: Gregorio Sánchez. Diciembre 2010

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